La imagen de la primera santa peruana fue bendecida junto a un mosaico mariano con advocaciones del Perú, en el marco de la Visita ad limina del episcopado peruano.

El papa León XIV inauguró y bendijo este sábado 31 de enero una estatua de Santa Rosa de Lima en los Jardines Vaticanos, durante una ceremonia que contó con la presencia de los obispos del Perú y autoridades eclesiásticas. El acto se realizó en el contexto de la Visita ad limina que el episcopado peruano cumple en Roma.
La escultura, elaborada en travertino blanco de Huancayo por la comunidad de Artesanos Don Bosco, representa un momento místico de Isabel Flores de Oliva, cuando —según la tradición— contempla a la Virgen del Rosario y recibe de Jesús un anillo y flores. La obra fue encargada por la Conferencia Episcopal Peruana.
Junto a la imagen, el pontífice bendijo un mosaico mariano que reúne siete advocaciones de la Virgen María veneradas en el Perú, entre ellas la Virgen de Chapi, la Virgen de la Candelaria y la Virgen Inmaculada. Esta pieza forma parte del Camino Mariano del Vaticano, que integra representaciones marianas de distintos países.

Con esta incorporación, Santa Rosa de Lima se convierte en la primera santa peruana presente en este espacio emblemático de la Sede Apostólica, lo que resalta la relevancia histórica y espiritual del Perú en la Iglesia Católica.
Durante la ceremonia, el papa León XIV se acercó a la imagen para impartir la bendición, gesto que generó emoción entre los asistentes. El acto reafirmó además el vínculo del pontífice con el Perú, país donde vivió más de dos décadas y fue obispo de la Diócesis de Chiclayo.
En el marco de la Visita ad limina, el Papa transmitió un mensaje a los fieles peruanos a través de sus obispos: “El papa los lleva en su corazón y los recuerda con afecto, de modo especial en la oración”. Asimismo, expresó: “Perú ocupa un lugar especial en mi corazón. Allí aprendí la fe sencilla de su gente y la fortaleza de una Iglesia que sabe esperar en medio de las pruebas”.

Finalmente, León XIV exhortó al episcopado a responder a los desafíos pastorales con unidad, sencillez y cercanía a los más necesitados, recordando el testimonio de santos peruanos como Toribio de Mogrovejo, Rosa de Lima, Martín de Porres y Juan Macías.
